martes, 26 de febrero de 2008

"Vieja"


Cuando por algún motivo, un buen amigo mío, se atrevió a llamarme (y creo así lo hará hasta el día que sus memorias ya no se identifiquen con sus neuronas o de nuevo el olvido, con sus peligrosas tormentas de arena que sepultan todo recuerdo, y borren todo vestigio de experiencias vividas entre él y yo) “vieja”, me sentí incómodo, ¿cómo podría aceptar semejante ignominia, aquel apelativo que me subía el natalicio y me ponía al limbo de la última edad?


Debería imaginarme, que desde su punto de vista, yo tenía más experiencia en esas lides jodidas de la vida; ergo, años más tarde, es la versión que más se adecua a mi crecido “ego”. Ayer, en mi acostumbrada visita a la Concha Acústica de la ciudad, me enamoré una vez más de la vida. La tarde daba sus últimos suspiros y con ella, como para darle la contra al destino, un grupo de viejas jugaban vóley, con la misma intensidad y fortaleza como en sus mejores y mozos años.
Como en cualquier deporte, había todo tipo de jugadoras, las pillas, las fingidas, las burguesas, las lésbicas, las canosas cascarrabias, viejas que no eran viejas, personas cuya extirpe se gana con los años y se consolida con el respaldo de las canas y arrugas. El ímpetu que desafía a la artritis y afines, desbordaba toda emoción y se simplificaba en vida.

Las palabras de aliento entre ellas, salían como virtuosas canciones del vientre más sagrado, competían no entre sí, sino contra el tiempo, con ese reloj misterioso y cínico, que en cada tic tac nos recuerdan que somos aves de paso en este paraíso y que el tiempo es imperecedero solo para Dios y no para los humildes mortales.
Sentado, observándolas jugar, aprendí mucho más que en las páginas de un anestésico libro de autoayuda, pues son viejas con orgullo, con la frente en alto y las tetas caídas, de cuyos pezones emanó alguna vez manantial de vida. No importa que me digan vieja, que no me satisfaga el ego lo que alguien me dijo con mucho cariño, aún así se haya confundido. No olvides nunca que la sabiduría se obtiene con los años.


sábado, 16 de febrero de 2008

La última canción

Esta canción es para ti, con mucho amor, cariño y el respeto que siempre te tuve.

Esta es la ultima canción que canto para ti,
me cansé de vivir sin sentido,
de pensar solo en ti,
si mañana me encuentras tal vez yendo con otra,

y tu me ves, hazte la cuenta, que para ti,no, no soy aquel,
y ahora tu, que me hiciste llorar,
tendrás que recordar,
que fui tuyo en el alma y perdiste la oportunidad,

Las canciones tan lindas que anoche yo cante para ti,
pensando en ti,
confieso que iguales que aquellas,
ya no escucharás,


ya mañana sé,
que esta canción la tendrás que escuchar,
en la radio sonar,
pensarás que tu orgullo maldito me hizo llorar,

de tanto esperar,
pero no llores y siente por dentro lo que duele el amor,
entonces vas a ver lo que vale un gran amor,
entonces llorarás y de mi te acordarás

viernes, 1 de febrero de 2008

Que pase la amante, maldita, desgraciada!!! (SIC)



Cuando la miseria humana se convierte en materia prima para el espectáculo, es muy denigrante. Que pase la madre, la amante, el esposo infiel, el maldito desgraciado y un sin fin de seres extraídos de la mente de algún maquinador de cortinas de humo y sicosociales, se escuchan constantemente.

Por lado está ella, quien no perdona a los hombres ni cree en ellos, la que enviaba saluditos al Doc, la afortunada de los regalos caros, la que aplaudía a Fujimori y le hacía campaña “gratis” aprovechando el canal de unos comechados vende patria. Ahí está laurita, más estirada que mazapán, su apellido que en cuna de oro se forjó no le sirve de nada, sus niveles de audiencia aumentan con efervescencia en los niveles más pobres.

Por el otro está el irreversible Lucas, que no vio ni un solo programa de la abogada de los pobres, otrora mancilladora de la democracia y madrina de los “cómicos ambulantes”, de la que se parece a Marilyn Manson; ahora no puede perder la oportunidad de verla, podría ser la última vez que se aparezca en las pantallas, es una de dos, mantener un ser agonizante o sucumbir ante la caja boba. Lucas, así lo indica, mantiene al ser que se resiste a morir, a una Laura Bozzo, como ella misma lo dice: “guele a nicho”.

Y pasa la amante, rebosante de humanidad, oliendo a perfume barato, ella es la otra, la típica provinciana misia, de pelo pintado y uñas rojas. Exacto, el programa es para cholos, Lucas cholo, Laura Cholera, el público la aclama, el rating sube, ella se hace millonaria. Se sienta después de ser agredida, ¡Es la amante! Se merece ser golpeada. Todos la insultan, ella suspira entrecortada, su mirada se pierde entre el público, a maldita hora me quise ganar un sencillo –piensa- mientras unos distraídos hombres de seguridad la miran con cara de pocos amigos.

Laura es una Diosa, es dueña de la verdad que se juzga por unos videos de cámaras escondidas, ella dice No y punto, dice Sí y la aclaman, es amiga del Ministro de Salud y del mismo García, si antes bailaba a “ritmo del chino, chino, chino”, no dudo que ahora bailará al ritmo del teteo de Alan García, ella es Laura!

Ahí pues, Lucas, comiendo miseria, viendo miseria, escribiendo sobre miseria. Ahí está Laura que se reivindica con su pueblo (en México es poco menos que una Diosa), ahí está la amante, que vuelve a sus andadas, pelo pintada, uñas rojas y perfume barato. Ahí está el peruano que no tiene más opciones que cursilería barata.