No es preciso auscultar la anatomía de Dayan Nicol, para saber a ciencia cierta sobre su opción sexual, así como no es un gran descubrimiento demostrar que en Tarapoto, a los homosexuales, putas, ladrones y demás seres que viven en el limbo de la ley, la sociedad los mató y remató para asegurarse que no jodan en vida.
Hace poco leí en los diarios regionales (no veo TV local, bajo ninguna modalidad ni circunstancia emocional, mis neuronas me lo impiden), lo salvajes que fueron las rondas vecinales. No quisiera por nada ofenderlos, pues imagino que terminaría bajo sus puñales, piedras y palos, todo por discrepar con ellos. Es comprensible que, si la justicia y seguridad no funcionan para los menos favorecidos en la cadena económica, tomen la justicia por sus propias manos (no lo hacen solos, la violencia ahora se disfraza con el nombre de juntas), por lo tanto y en consecuencia, no es solo cuestión de tratar de poner orden salvajemente, sino de enarbolar el instinto de supervivencia y dejarlo caer hasta su expresión más primitiva; resumiendo esto en dos frases o refranes populares: “quién a hierro mata a hierro muere” y “ Ojo por ojo, diente por diente”.
Batidas, asaltos, muertes, intentos de asesinatos, inseguridad, miedo, terror y sangre con cuya tinta se imprimen los diarios y aquellas imágines que a los noticieros se les deja escapar, son pan de cada día. Ver un travesti tendido en una cama de hospital con 19 puñaladas que no le bastaron para matarlo, no es cosa de todos los días. El morbo aumenta, hasta a mí se me ocurre escribir algo sobre ella, porque sé que vende, sé que cientos leerían por curiosidad, así es, me considero un escribidor violento, que también se tiñe de sangre y se encanta al saber que a muchos no les gusta lo que escribo, sin embargo, es lo que siento ahora.
Leí en las siempre “creíbles” notas periodísticas, que el homosexual en mención (digna representante de Miss Carnaval, San Juan, Día de los Inocentes, Día de San Blando y un largo etc.), perdonaba a quien intentó quitarle la vida. Estoy convencido (cuál acto de amor infame) que muy en el fondo, su irracionalidad humana clama Justicia (no la divina), como es normal, propio de quienes sufren y lloran y esta vez, de quien perdió litros de sangre. Una por una, cada puñalada le fue quitando la vida y no la mataron; nadie muere en víspera, dicen por ahí. Sólo faltó una cuchillada, la número veinte, aquella que hubiera podido quitarle el alma y convencerla de una vez que con la vida no se juega. El amor a uno mismo empieza, no con los demás, sino con el propio. 19 ó 20 ¿Cuál es la diferencia, sino se saca algún aprendizaje?, Esperemos que este Miss Carnaval, con su agujereada y remendada anfitriona de por medio, nos sirva para reflexionar que estamos en una ciudad muy violenta y que a las autoridades les importa un pepino lo que nos pueda pasar. Mientras esto pase (o no). Tendremos Juntas Vecinales, extirpándole las entrañas y rompiéndole el cráneo a los forajidos, Policías desesperados, limitándose a pedir DNIs, sin roche, como quien no quiere la cosa y autoridades reuniéndose para ver cómo tapar el sol con un dedo.
Mientras estemos en una ciudad de nadie, mi neurosis aumentará, trataré en lo posible de no salir a la calle y limitarme a esperar a alguna noticia, sobre todo de las Juntas Vecinales (deberían darles clases de derechos humanos y convencerlos de una vez que la violencia no es buena, venga de donde venga); que no se les pase la mano otra vez, la culpa la tenemos todos señores, todos.
2 comentarios:
Nadie en su sano juicio perdona una agresion tan grave en contra de la vida. Bueno tal vez algun dia se sepa las razones que lo llevaron a "perdonar" a su misterioso y calato agresor.
Feliz dia de la amistad amigo Lucas.
pues no hay diferencia entre 19 o 20, en este caso es lo mismo que 1, ¿pero al el limbo de la ley?...pareciera como q si estuvieras de acuerdo con eso.... *-) *-) ... mmmm...
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