miércoles, 20 de mayo de 2009

El peor cáncer es la indiferencia o cómo los incapaces roban para tener algo en la vida.

Ayer (cómo casi todos los días), antes de ir al trabajo leí entusiasmado las noticias del diario. Me sentí apenado cuando no hay otra cosa más que informar que las burradas de Sandro Rivero (el Alcalde de los socios de Nueva Amazonía). Antes de continuar, deslindo cualquier intención política al hacer esta nota, lo hago como ciudadano, como tarapotino, como hijo de doña Nelidita y nieto de doña Celia Gatica viuda de Pinchi. Es muy vergonzoso y humillante para mí, lo que ocurre en Tarapoto. El centro de la ciudad está lleno de mendigos y niños que “te piden” dinero para cuidar tu moto o cualquiera sea la movilidad que ocupas en el día.

No es a esa miseria a la que quiero referirme, sino al hecho perenne de ser uno más de los indiferentes que solapan que la autoridad robe, a vista y paciencia de todos. Mientras los montículos de basura se apilan día tras día, las calles se inunden ante la primera lluvia del día, el servicio de agua potable escasee (siempre), mientras la seguridad ciudadana se disimula con tremendas cortinas de humo, nuestras autoridades imaginan ser usureros con la más burda tarjeta de crédito firmada por los electores. Me refiero a los hechos corruptivos dentro de la Municipalidad Provincial de San Martín. Sandro Rivero y sus socios, se hacen los locos a la hora de aclarar lo que en castellano común y corriente se llama robo descarado.
Me siento avergonzado y hasta humillado al escribir esta nota y esperar la justicia divina para limpiar el nombre de los tarapotinos, es como si estuviera escribiendo mi diagnóstico de cáncer, con complicaciones generalizadas, es como si me enteraría que tengo una terrible enfermedad y no hacer nada por combatirla.

Está demás ahondar en las carencias que tenemos como ciudad, en la no poca mierda que se nos antoja mirar cotidianamente; la calidad de vida se torna más paupérrima mientras permitimos que se lleven lo poco que tenemos ¿Dónde está nuestro amor propio?¿En qué clase de ciudad queremos vivir de acá a diez años?¿Es lo que deseamos para nuestros hijos?¿No se sienten humillados al saber que podemos cambiar la historia de las cosas y no hacemos nada al respecto? ¿Qué se siente al pisar basura en vez de tierra limpia? ¿Qué se siente al saber que se tiraron el presupuesto para asfaltar tu calle? Y para ser más crudos y reales, qué se siente cuando gente incapaz se llena de plata a costa de otras personas. ¿De qué sirve sacrificar nuestro tiempo en la universidad o en cualquier institución de educación superior si nos comportamos peor que analfabetos? En verdad no hay palabra o frase para describir lo que ahora siento.
Es hora de reaccionar, de desahuevarnos en el sentido más estricto de la palabra, es hora de luchar por el lugar donde queremos vivir, que los ladrones no hagan lo que quieran, cuidemos la huerta de nuestra casa, protejamos nuestro patrimonio, que los señores que ahora se forran de plata ajena sepan que podemos levantar la cabeza y decir basta. ¿Los medios? No lo sé, cada uno reclama a su estilo, no se trata de convencer que el terrorismo es la única manera de frenar a los incapaces, ni de tapar los hechos con el manto de Gandhi, es saber decir NO a la hora precisa.
Hay que ser más conscientes de lo que vivimos, no podemos traer hijos al mundo para ver esto, la vida es bella también cuando sabemos a dónde vamos y para qué servimos. Pues demostremos ser animales al seguir nuestro instinto para defender lo nuestro. Ahora que sabemos el diagnóstico de nuestra enfermedad ¿Será negligente no hacer nada, sabiendo que nuestra vida corre peligro? Para mí, el cáncer más complicado que padecemos es la indiferencia.