viernes, 22 de mayo de 2009

La pared del Loco.

Cada día sin excepción, la pared del loco me muestra cosas distintas. Frases, cuadros, recuerdos, suvenires, hasta recetas de cocina penden de alfileres corroídos por el óxido. Imagino que Juan Carlos debe estar loco, loco de remate, así lo confirma su excentricidad desmesurada y sus convicciones de genio, claro está que anhela hacer de mi, su más fiel seguidor.

En lo absoluto estoy más chiflado que él, porque soy el único en casa que lo ve con simpatía y amor, me divierto además de sus locuras y su fino humor. Carlitos para mí representa mi lado más humano, es el digno representante de “errar es humano y corregir es divino”, por eso el muy fresco, todos sus errores los echa al cielo. Dios es grande.

Hoy Carlitos me propuso ser un personaje de su nueva novela, quiere que sea “Pelandrún, el caballo mágico”, pero yo no tengo crines, ni patas, capaz tendré la inteligencia de un equino, ¡Qué desconsuelo!

Mi vida actoral se resume en dos grandes y emotivas experiencias, la primera en sexto grado, fui Paco Yunque (todo un fracaso), la segunda, mis compañeros de catequesis me eligieron por unanimidad ser el hijo pródigo, para variar solo el Cura me aplaudió.

Después de pensarlo mucho, desistí de la propuesta. No podría ser Pelandrún, el motivo más grande es mi miedo a las herraduras, jamás me puse una. Me fui a buscarlo y no lo encontré en su casa. Pasé por la iglesia y ahí estaba, parado en el frontis captando a los demás actores. Tío le dije, sin vacilar: No podré ser Pelandrún, porque rehúso a ponerme herraduras. Carlitos me miró fijamente y me respondió asintiendo la cabeza y apuntando a la fila de “actores”. Comprendí que su casting seguiría, puesto que el guión de su obra maestra estaba con punto final y todo.

Pasado este incidente, el genio loco de mi tío se puso en entredicho, me topo con él en desayunos, almuerzos y cenas. Todo sigue igual, pero percibo en su mirada que me perdí la oportunidad de mi vida, probablemente quiso hacer de mi un traumado triunfador en Cannes (saludando a todos mis paisanos en quechua).

Acabo de pasar por su casa y en su pared veo con admiración que su empresa artística aún no decae, sigue buscando los actores ¿Habrá encontrado a Pelandrún?, ahora que lo pienso más detenidamente, creo que me eligió por mi magia ¿Tú crees Lucas? No sé Pelandrún, cosa de locos diría yo.

jueves, 21 de mayo de 2009

Para Diosa, con mucho amor y cariño ¡!!!!!

Ella y yo nacimos predestinados, cuando tenía doce años escribí un cuento que le puse el nombre “Diosa”, aquel escrito fue todo un lio en la secundaria, no solo por su contenido erótico, febril e ingenuo, sino porque en mis largas cavilaciones llegué a preguntarme ¿si Dios fuera mujer? Seguro que sería como ella.

Soy de la idea que una mujer no es aquella que Dios la dispuso como tal, sino que gracias a su exquisitez de ser humano, supo destruir la barrera emocional que les une a los varones, sobre todo por su don de madre, la magia de dar vida son únicas en ellas.

Cuando la conocí, la química fue inmediata, colosal, abundante y sobre todo emocionante. No voy a negar que sus carnes me intimidaran, sin embargo su mirada, sonrisa y gestos, hicieron de mí la arcilla que ella podía moldear a su gusto y empezar a quererla.

Y así fue, la empecé a querer, la enamorada de mi hermano del mal, me cayó como anillo al dedo, y se convirtió en mi confidente, en mi amiga, en la suave brisa de aire acondicionado que revolotea por mi cuarto, en mis sueños más preciados de amistad, lealtad y cariño.

Yo no sé si estás líneas, plasmen todo lo que siento por ella, si le hará justicia o no, no lo sé. Pero de algo tengo que estar seguro y lo estoy. Su amistad para mi es cosas buena. Diosa, cuánto te quiero; discúlpame por las miles de llamadas que te debo, por los abrazos que te debería dar, por cuantos secretos inconfesables, de los cuales tu eres guardiana. Te quiero Mujer, espero que nuestra amistad siga siendo el tesoro, que nadie ha podido vulnerar.

miércoles, 20 de mayo de 2009

El peor cáncer es la indiferencia o cómo los incapaces roban para tener algo en la vida.

Ayer (cómo casi todos los días), antes de ir al trabajo leí entusiasmado las noticias del diario. Me sentí apenado cuando no hay otra cosa más que informar que las burradas de Sandro Rivero (el Alcalde de los socios de Nueva Amazonía). Antes de continuar, deslindo cualquier intención política al hacer esta nota, lo hago como ciudadano, como tarapotino, como hijo de doña Nelidita y nieto de doña Celia Gatica viuda de Pinchi. Es muy vergonzoso y humillante para mí, lo que ocurre en Tarapoto. El centro de la ciudad está lleno de mendigos y niños que “te piden” dinero para cuidar tu moto o cualquiera sea la movilidad que ocupas en el día.

No es a esa miseria a la que quiero referirme, sino al hecho perenne de ser uno más de los indiferentes que solapan que la autoridad robe, a vista y paciencia de todos. Mientras los montículos de basura se apilan día tras día, las calles se inunden ante la primera lluvia del día, el servicio de agua potable escasee (siempre), mientras la seguridad ciudadana se disimula con tremendas cortinas de humo, nuestras autoridades imaginan ser usureros con la más burda tarjeta de crédito firmada por los electores. Me refiero a los hechos corruptivos dentro de la Municipalidad Provincial de San Martín. Sandro Rivero y sus socios, se hacen los locos a la hora de aclarar lo que en castellano común y corriente se llama robo descarado.
Me siento avergonzado y hasta humillado al escribir esta nota y esperar la justicia divina para limpiar el nombre de los tarapotinos, es como si estuviera escribiendo mi diagnóstico de cáncer, con complicaciones generalizadas, es como si me enteraría que tengo una terrible enfermedad y no hacer nada por combatirla.

Está demás ahondar en las carencias que tenemos como ciudad, en la no poca mierda que se nos antoja mirar cotidianamente; la calidad de vida se torna más paupérrima mientras permitimos que se lleven lo poco que tenemos ¿Dónde está nuestro amor propio?¿En qué clase de ciudad queremos vivir de acá a diez años?¿Es lo que deseamos para nuestros hijos?¿No se sienten humillados al saber que podemos cambiar la historia de las cosas y no hacemos nada al respecto? ¿Qué se siente al pisar basura en vez de tierra limpia? ¿Qué se siente al saber que se tiraron el presupuesto para asfaltar tu calle? Y para ser más crudos y reales, qué se siente cuando gente incapaz se llena de plata a costa de otras personas. ¿De qué sirve sacrificar nuestro tiempo en la universidad o en cualquier institución de educación superior si nos comportamos peor que analfabetos? En verdad no hay palabra o frase para describir lo que ahora siento.
Es hora de reaccionar, de desahuevarnos en el sentido más estricto de la palabra, es hora de luchar por el lugar donde queremos vivir, que los ladrones no hagan lo que quieran, cuidemos la huerta de nuestra casa, protejamos nuestro patrimonio, que los señores que ahora se forran de plata ajena sepan que podemos levantar la cabeza y decir basta. ¿Los medios? No lo sé, cada uno reclama a su estilo, no se trata de convencer que el terrorismo es la única manera de frenar a los incapaces, ni de tapar los hechos con el manto de Gandhi, es saber decir NO a la hora precisa.
Hay que ser más conscientes de lo que vivimos, no podemos traer hijos al mundo para ver esto, la vida es bella también cuando sabemos a dónde vamos y para qué servimos. Pues demostremos ser animales al seguir nuestro instinto para defender lo nuestro. Ahora que sabemos el diagnóstico de nuestra enfermedad ¿Será negligente no hacer nada, sabiendo que nuestra vida corre peligro? Para mí, el cáncer más complicado que padecemos es la indiferencia.

martes, 5 de mayo de 2009

Mi puta triste

No recuerdo ni su nombre, me vinculo a ella después de 25 años, un aproximado que el tiempo inmisericorde puede tasar sobre esta historia.
Celia, me dejaba en mis labores académicas mientras se iba a la chacra, al volver yo tenía todo listo: la tarea, las escapadas al río, el uniforme planchadito para el día siguiente. Todo, hasta una irascible visita que hasta ahora me retuerce la conciencia ¿qué habrá sido de ella?

Ella, cuyo nombre no recuerdo, me acogía una o dos horas cada tarde, su carácter era simple, su cabello liso, su labrada y erosionada piel dejaba entrever muchas décadas, líneas de expresión que disimulaba muy bien con capas enteras de maquillaje barato. Ella era (no sé si lo sigue siendo), una empedernida del orden, maniática de la perfección, la pulcritud de mis tareas así lo demostraban.

Al verla sola, aquel día de la madre, me acerqué a saludarla, era medio día y el brasero ubicado en la huerta de mi abuela expelía olores exquisitos. Celia, me agarró de las manos diciéndome: hijo no tienes porqué saludarla Ella no es madre, la frialdad de mi abuela me hizo suponer enemistad con la mujer que me albergaba todas las tardes y me daba amor de madre (imagino).

Al regresar de la escuela la habitación que Ella ocupaba estaba vacía, desde aquel entonces mis tardes ya no fueron las mismas, extrañaba su olor a jabón Camay, el aroma de sus potajes, su mirada simple y eternamente triste. De Ella no supe más. Mi abuela Celia, mandó a pintar el cuarto y a los pocos días le rentó a un ridículo jubilado que en sus años mozos fue mago de circo.

Una tarde, mientras estrenaba mi bicicleta de Cross, Ella se me acercó, me miró con tanta alegría que no me quedó otra que corresponder a esa emoción. Le pregunté por qué abandonó la casa sin despedirse, mas Ella solo me acarició el cabello y se fue, refunfuñando en voz baja algo que no pude descifrar.

Tal cual se lo conté a mi abuela y de castigo por haber conversado con esa pérfida mujer, me llevó a la chacra por dos semanas. Fue así, una tarde de lluvia, mientras tomábamos un pocillo de café, me confesó que despidió a la inquilina por ser una mujer de la vida y que yo no debería haber hecho amistad con ella, precisamente porque las putas (así se llaman aquellas que venden su cuerpo, hijito) son mal ejemplo de la sociedad. No pregunté más, sentí una pena tan profunda por varias cosas, no sabía que era ser una mujer de la vida, pensé que Puta era solo una mala palabra, mi abuela no fue muy explícita en ello y me apuró en tomar el café, porque la noche se nos venía encima.

Ahora frente a este computador, solo puedo testificar que Ella me dio el más puro de los amores, recuerdo su calidez de alma y de corazón. Con el tiempo, aprendí que las personas no son personas por tener nombre, sino por la profundidad de sus hechos.

Seguro Celia habría estado más tranquila luego de su decisión, al poco tiempo aprendí a hacer magias, a leer el Tarot español y a predecir el futuro…