domingo, 13 de marzo de 2011

El Árbol se siente solo

Desde la oficina de mi casa, puedo observar un joven Cedro que se eleva de la pradera que termina en el río, su imponencia no se puede disimular, sus ramas enormes siempre dan sombra a los trabajadores que siguen construyendo el condominio, así como también a cientos de pajarillos que se detienen ahí para descansar.
Me pregunto, cómo hace para seguir de pie, sin que nadie lo proteja, sin que lo cuiden, sin sentirse querido (un estudio reveló que las plantas tienen alma y energía); podría suponer varias hipótesis, una más descabellada que la otra, sin embargo solo me limitaré a observarlo plenamente en este domingo en el que también me siento solo, en el que me siento como él, no tan grande quizá, pero lleno de fuerza y abatimiento (qué contrariedad), y con toda sinceridad con este artículo pretendo llegar a la catarsis que me hace falta.
El Cedro, el día de hoy soportó dos pequeños temporales de viento y lluvia, cobijó por la mañana a una veintena de trabajadores que dejaron basura al costado de su tronco, en apariencia, no obtuvo nada a cambio; ahora que son las cinco de la tarde, se mueve tímido, erguido sobre árboles de palta, mangos y plátanos ¿sabrá que algún día lo talarán por su fina madera? Haz el bien sin mirar a quien, reza un dicho, creo que el Cedro lo aprendió de alguna u otra forma. Y eso deberíamos aprender todos, a no quejarnos de lo que nos toca, sino a celebrarlo, aceptarlo y usarlo como algo nuestro.
Las cosas suceden por algo, mientras escribo esto, supuse que las  hojas del viejo cedro, están llenas de polvo y tierra, y es verdad, solo basta ver que sus hojas no brillan como en la mañana. Es mágico, acabo de estrenar un álbum recopilatorio de Sarah Brightman, y en su melodiosa voz, escucho la versión: Dust in the wind (polvo en el viento). El Cedro y yo deberíamos estar agradecidos, para él se viene una lluviecita y para mi, alegría en el corazón ¡Nada está perdido!

miércoles, 9 de marzo de 2011

“La Mula” y el canibalismo entre mujeres.

Prefacio (antes que se me vaya lo consultado):
Zorra: Mujer infiel, extremadamente inteligente y astuta.
Perra: Mujer que se acuesta con cualquiera.
Mula: Mujer infiel, dícese de la amante sexual de un varón comprometido, que deliberadamente se “expone” a los ojos de la opinión pública. (*)
Debí preguntar e indagar exhaustivamente para hacer este pequeño artículo, es sabido que en esta parte de la amazonia el adjetivo “mula” es muy conocido, sobre todo en el uso vulgar y común del habla o manera de expresarse, que se expandió a todos los niveles socio culturales, y que a mí, a decir verdad, me parece despreciable y denigrante para calificar a una mujer que solo disfruta de la vida de manera que los demás no toleran.
Sé que el tema es polémico, cuando consulto a mujeres, usan los tres términos para insultarse y diferenciarse las unas de las otras, sin pensar que solo la actitud moral las distingue, y ni que decir, si pregunto a hombres lo único que hacen es aumentar el diccionario a adjetivos inimaginables, que ni ellos mismos pueden definir con claridad.
¿Ama o no ama, la mujer a la que todos definen de esa manera? Estoy convencido que sí, ama más de la cuenta, incluso anteponiendo su integridad, sus valores y la gran presión social que cargan encima. No nos hagamos los mojigatos, en esta guerra originada por mujeres (porqué los hombres, mal llamados hombres, compiten en otras bajezas), existe un canibalismo increíble, las unas y otras se despotrican haciendo uso de una sola arma (de dos cañones), que para la mujer el único territorio ineludible para una verdad a medias es el campo sexual y el social, donde la vergüenza y la humillación son los peores castigos.
Dichosa de aquella mujer que lucha por lo que quiere, dichosas de aquellas que solo sirven para una noche o las que se esconden, pensando que su felicidad solo puede encontrarse entre las sombras, en épocas de aperturas mentales no podemos juzgar, sino tolerar lo que nos parece “malo”. Hay que tener en cuenta muchos aspectos para referirse a alguien, una mujer no solo debe parecer una dama, sino serlo, la consecuencia cada día se vuelve un mito, la sinceridad con que actuamos se ve afectada por motivos que solo el dinero y los intereses particulares saben explicar.
Desde esta trinchera serán bienvenidas (con mucho respeto) , las zorras, las perras, las mulas, las que vengan o las que se vayan; total, cada uno es artífice de su vida y arquitecto de su destino.
(*) Thiana Flores Ruiz. (conceptos de)

lunes, 7 de marzo de 2011

Buscándome en mi propio sueño…


Mi nombre es Víctor Manuel, suelen llamarme Lucas, algo que a mí me encanta, por eso lo asumí como mío; me considero un adicto a los sueños, a su estudio, a su interpretación, a su simbología, a todo. No suelo tener pesadillas, ni malos sueños, sin embargo hoy amanecí con una ligera angustia, me soñé buscándome a mí mismo; y lo narro así:  

Pasaba al costado de un cerro, observaba lindos paisajes, flores de colores; de pronto y como suele suceder, me encontraba en otro sitio, donde había gente que no conocía y yo, en ese sueño era Manuel Nieves y preguntaba por Lucas, por el mismo Lucas que escribe esto, por el Lucas que muchos conocen y cuyo nombre no se refuta; me confundí tanto que, no sabía quién era, si Lucas o Víctor Manuel. Al despertar tenía una angustia que pasó al comprender el significado de mi sueño.

Por razones obvias no escribiré el significado del mismo, sin embargo considero que los sueños, muy al margen de donde se originan y los conceptos que por ellos se generan, nos ayudan a conocernos mejor. Volar, llorar, reír, jugar, tienen un significado, propio o ajeno, común o individual, bueno o malo, todo depende de la óptica con que se enfoque el asunto.

Soñé alguna vez, volar sobre la Cúpula de San Pedro en el Vaticano y tres cúpulas menores; en un lugar de mi infancia, con la muerte de mi padre; soñé con muertos, con santos, hasta con Jesucristo y todititas sus heridas. Hace poco tuve el poder de dominar el agua, creaba a mi disposición y criterio, ríos, lagos, montañas, cosas increíbles que solo en sueños se puede hacer.

Sé, que este artículo no tiene ni principio ni final, pero es interesante saber la condición de nuestro subconsciente, para poder analizar nuestros actos, nuestros sueños, a mi parecer son el producto de lo que almacenamos en nuestro subconsciente.

Algunos conceptos de “sueños”:
El sueño es un mensaje superior que nos llega de arriba, para prevenirnos, aconsejarnos, consolarnos; enviado por los Dioses, los espíritus o los antepasados difuntos… Filósofos griegos (*)

El sueño nos habla en un lenguaje secreto, inmediato, para el salvaje, y más críptico e inaccesible para el adulto culto, viciado por la racionalidad. Es el lenguaje universal que profundiza en el alma de los pueblos antiguos y modernos, en las fábulas, en los mitos y religiones… El simbolista. (*)

El sueño es una manifestación del subconsciente, una válvula de escape, a través de la cual encuentran un camino de escape los deseos, los recuerdos, las tendencias contrastantes con nuestro yo y con la moral dominante que nos molesta y advierte, aflojando la tensión de nuestra sique… El Sicólogo. (*)

El hombre corriente (*), seguramente cree en los sueños, quien cree mucho, al mismo tiempo adquiere una o más llaves interpretativas, las consulta y procura comprender y comprenderse. Quien Cree poco, y afirma no creer, algunas veces cede a la tentación de contar aquel determinado sueño a los familiares, a la pareja, al mejor amigo. Y en el fondo, quien más que creer o no creer, no se ha planteado nunca el problema, atraído más bien por la práctica que por la teoría, se encontrará un poco de acuerdo con todos los pareceres, y hará bien.

(*) Los sueños, diccionario completo  de Laura Tuan – Barcelona 2009

sábado, 5 de marzo de 2011

La Guarida del Poeta ( I Parte)

Y siempre lo supo, llegó a esa conclusión que a pesar de estar viviendo sus últimos días y alejado de la gloria que lo acompañó por 78 años. Se levantó de su sillón; no podía caminar, su cuerpo no respondía a los caprichos de su alma, cogió el viejo y rojo libro de Vladimir Lenín y sintió un ligero vértigo que lo alejo de su trivial realidad.
Remitió siete cartas, cada uno con un destino diferente, ¿Qué contenían?¿A quienes se remitían?. Era un secreto, por lo menos diez años antes que desaparezca, todo lo convirtió en secreto, sus pensamientos, sus escritos, los balbuceos en los últimos momentos de su vida, todo se resumía a un pacto entre su pensamiento y su mirada, de su boca no salía nada.
Recibió la carta, la abrió, no encontraba algo coherente en ella, más que la foto que se tomó 40 años antes, en un paseo familiar; creyó que su padre estaba muerto, al reverso de la foto se mostraba una fecha. Rocío no podía explicarse porqué, “una locura más de mi padre, pensó y cerro el sobre.
“Si algún día viviré de algo, les aseguro que será de mi locura”, se decía con frecuencia mientras caminaba en su estrecho cuarto, con piso de tejas rojas y amplios ventanales. Luis con toda sinceridad, pertenecía a esas estirpes que el tiempo no doblega, que la razón no encuentra sentido, sus hijos y esposa lo tenían como un loquito agradable, al que había de dar mucho amor, para que no se sienta agredido.
La segunda carta llegó dos meses antes del gran día, el destinatario arribaba del pueblo donde Luis tenía en la Plaza Mayor una estatua en su nombre; el destinatario, contemporáneo suyo, odiaba visceralmente al remitente y a la propia estatua, nunca llegó a comprender como el poder lo envileció tanto: ojalá te mueras, maldito infeliz, pensó mientras imaginaba a Luis, en sus días de diputado.
“¡Vamos todos! No nos dejemos vencer por los hijos de puta que nos quieren quitar nuestros derechos, tenemos que reivindicarnos, el Gobierno no puede contra nosotros, somos más, es injusto que la carretera no llegue aún por Tarapoto, es injusto que nuestros hijos no conozcan Lima”, diciendo esto, se enfrentó a un tumulto de policías que estaban a la espera de una orden para poder matarlo, un estremecedor sonido se esparció por el lugar, mientras que los manifestantes consternados, huían despavoridos por el monte. Solo unos pocos quedaron en pie de lucha, en pie de guerra, dispuestos a todo… (Continuará)

viernes, 4 de marzo de 2011

Quiero brindar con una copita de vino (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia)


Como si le levantara de un profundo sueño, aún con los pensamientos inconclusos, debí observarte; ya con la cabeza fría, te pedí que te vayas,  porqué después de todo, tu manera de entrar no fue la correcta, consideré que naciste entrar por la puerta grande, no por una ventana que el mal tiempo abrió como le dio la gana. 

En fin, como sé que después del otoño viene el invierno, tengo que esperar, las fotos de la neblina que tomé por el circuito de playas, son una forma literal de entender que aún falta mucho por esclarecer, aún falta salir el sol, esperar la primavera después del frío invierno.

Ahora, al escribir esto, escucho a Rita Lee, observo detenidamente un cuadro al óleo proveniente (no recuerdo bien si de Santo Domingo o de República Dominicana), lo cierto es que tiene barcos antiguos cerca a una playa de aguas turquesas, donde nativos intentan (lo intuye mi imaginación infantil) contener entre sus dos manos la luz del agua, me parece mágico, sub real, creo que no hace falta describir lo que siento por ti ¿No?.

Después de cavilar mucho en lo que significan las personas en nuestras vidas, estoy convencido que nadie aparece ni antes ni después, todos aparecen en el momento exacto, y creo que este es el momento en el que debiste estar acá, jodiéndome de alguna u otra manera la existencia, quitándome una sonrisa; seguro también estoy que Dios ya repartió las cartas y ahora me toca a mi barajarlas, repartirlas y jugarlas, porque en esta historia yo soy el protagonista. 

Quiero brindar con una copita de vino, salud por los buenos momentos, por las promesas, por los largos paseos en carreteras oscuras, por conocerte, por tus buenos intentos que siempre naufragan en la más estúpida inmadurez. De los jojoyes!

martes, 1 de marzo de 2011

El Hombre del sombrero negro


Estaba frente a mi casa, en el hombro tenía un ave, en la cabeza un sombrero negro y en la mano izquierda un silbato de oro. A primera vista no lo conocí, pensé que era un hombre esos a los que la vida los puso ahí para demostrar que las excepciones a las reglas existen. Pasaron dos días, mientras leía un libro de cuyo nombre ni autor no quiero acordarme, el grito de mi vecina me heló la sangre, su pequeño de tres años había muerto, en el lugar de los hechos se encontraron varias plumas negras con motitas doradas. El sol, inclemente y jodido, golpea fuertemente en mi oficina, desde ahí fui testigo de los funerales del niño, dice su madre que, en sus últimos días el bebe decía jugar con un ave. Seguía leyendo el libro, marcando las frases más importante, del autor no sabía mucho, de la historia había poco que hablar, sin embargo en la página 480, el autor describió un personaje parecido al que vi frente a mi casa. Lejos de esa coincidencia, no pasaba nada de extraño en mi vida. En verano, las horas vespertinas llegan tarde, es como si el sol se impusiera en el firmamento y no quisiera irse, nunca. Karen, la amable vecina del seis B, contaba con naturalidad los mitos y leyendas de su tierra, ella era de Piura y por esos azahares del destino, vino a Tarapoto a servir a una familia, compadres de su mamá, se quedó algo así como ida, cuando por boca de la madre que había perdido al bebe, se enteró que guardaba las plumas negras con motitas doradas; "es el recoge pasos" dijo en voz baja y se metió rauda a casa. Al poco tiempo, una muerte más en la residencial, el guardián pereció inexplicablemente, la Fiscal al levantar el cuerpo, constató que en el lugar había esparcidas docenas de plumas negras con las mismas características anteriores; lo que hizo que la leyenda tuviera forma. Pasó el tiempo, y nadie más murió, la gente tibia o quizá helada, prefería no hablar del tema. La vida y la muerte están ligadas siempre, aún así nos atemoriza, nos hiela la sangre, la tratamos de desterrar de nuestra mente; pienso que hay que tener mucho cuidado para sobrellevar la muerte de alguien. Es primero de marzo, hace un calor insoportable, trato de ver a mi conejo, de alimentarlo, resulta que, desde el segundo piso de mi casa lo veo, corre de un lado para otro, me fijo más, agudizo mi vista y veo docenas de plumas negras en la huerta, mezclándose con el grass que está crecido y descuido. Me viene a la mente el recuerdo de la muerte, mi sangre se hiela y siento mareos. Salgo de esa habitación, bajo a ver de cerca las plumas, sí, tienen las motas doradas. Salgo a mi sala, abro las ventanas y veo la fugaz sombra de aquel desconocido del sombrero negro, que se va, mirándome sin mirar, riendo sin reír.

Amores Inconclusos

“Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres,  porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren”. Joaquín Sabina.

Me pregunto con frecuencia, cuánto tuvo que amar Sabina para tener ese concepto tan, pero tan cercano al amor, cuántos amores tuvo que destilar para poder beberse de un trago (muchas veces amargo) ese elixir que nos lleva muchas veces a la inmortalidad.

En definitiva no estoy enamorado y no pretendo estarlo (o quien sabe), no ahora como lo estuve antes, no ahora como alguna vez; sin embargo, como muchos de ustedes, quisiera conocer más y en esta incesante búsqueda de conocimiento teórico sobre la ciencia más abstracta (el amor), se me vino a la mente los amores inconclusos; pero qué es, de qué forma nos afecta positiva o negativamente.

“Cuenta la historia que Sergio le cerró las puertas al amor, pero guardando la esperanza de volver a enamorarse dejó abiertas todas las ventanas y era cierto, la esperanza trajo a miles de amores, pequeños, insuficientes de llenar algún vacío, él se preguntaba qué pasó, después de mucho comprendió que el amor no necesita una puerta falsa, tiene que entrar por la puerta grande, por la vía principal”.

Eso nos sucede a todos, cerramos nuestro corazón por miedo a lo que vendrá, dejamos miles de amores inconclusos, una ex, un ex, amigo o amiga cariñoso, a veces no tenemos la suficiente valentía para detener el juego de amar; sí, jugamos a amar, debemos estar conscientes de la cancha que estamos pisando.

Los amores inconclusos nos amarran, nos atan, no nos permiten crecer como personas, porque tener uno, es una negación constante a la felicidad; debemos arriesgarnos y matar de raíz su imperfección; como es sabido, solo nos merecemos lo perfecto como producto de nuestra evolución espiritual.

No nos preocupemos si nos va mal, eso no es delito ni tiene pena ni de cárcel ni de muerte, pues nuestra vida no es nada más que un compendio de nuestros aciertos y desaciertos. Hay que arriesgar a amar, es muy probable que el próximo artículo estaré enamorado. De los jojoyes!